Cosas que aprendí hoy en la escuela

Hoy aprendí dos cosas en la escuela:

  1. Que para zafarte de una multa de tráfico, además de la clásica mordida puedes recurrir a la histeria. Eso ciertamente ahuyentará al oficial de tránsito, jajaja.
  2. Que a mis maestros les gusta asumir que todos los que estamos ahí somos aptos para y deseamos tener un consultorio en el cual ver pacientes. O sea, ninguno va a trabajar con grupos ni va a tratar de aplicar la psicología de otra manera. Qué grosero es asumir.

A ver que me enseñan mis lindos maestros mañana. Creo que con esto he inaugurado una sección de este blog, la primera.

De estar bien y escenas perturbadoras

Definitivamente Dios está de mi lado porque estos cuates del salón han sido muy amables conmigo. Se han ofrecido a ayudarme si lo necesito. ¡Qué lindos! Y ni siquiera saben cómo soy como persona y tan solo ayer me conocieron. He escuchado de algunas compañeras, que son medio burlones en el salón, cuando alguien da clase y se equivoca, pero, digo, qué grupo no hace eso. Creo que estaré bien. Ya se que ya había dicho eso en el último post pero tal vez si lo sigo repitiendo lo creeré y será verdad. Mi némesis me saludó con la cabeza al finalizar la clase: se acordó de mí, me reconoció. Espero que eso no sea mala señal, como que me va a usar de su puerquito en el semestre. También estaremos bien él y yo. Creo que sin la distracción de mis amigos aquí o más bien al lado mío puedo en realidad tratar de escucharlo o ponerle atención. Por cierto, algo muy raro sucedió hoy, algo que no esperaba ver ni imaginé en mis más locas fantasías: una compañera tiene una bebé que se llama Greta, el maestro le empezó a decir “Holaaa” y luego lo inesperado: la cargó en brazos y la sostuvo por unos minutos. Fue una escena perturbadora. Tanto que algunos compañeros empezaron a sacar el celular, pero cuando iban a tomar la foto el profesor le regresó la niña a su mamá. Santa Petra la Callosa, las cosas que ve uno…en clínica, jajaja. Como sea, también vi a Ada hoy y estuvimos platicando un rato. No sabía que me había quedado en clínica y le dio risa cuando le dije lo que pasó con los de laboral. Ella me dijo que fue por su carta de pasante y su diploma porque no fue a la ceremonia y que mañana van a ir todas las chicas a la plática del servicio social. Espero algún día llegar a tener mi carta y mi diploma como mis amigas. Ah, por cierto también vi a un viejo amigo, el cuate del que hablé en el post anterior, e inexplicablemente después de que lo saludé para ver qué onda, platicó conmigo unos minutos. Fue todo tan raro…y no raro bonito sino raro “no-me-lo-puedo-explicar”. ¿Será hipocresía, será que tiene mala memoria, será que el tipo es en verdad extraño, me estará jugando una mala broma? Aaa….ver que pasa.

Amiga, ¿quién eres?

Ayer regresé a clases, sola, como iba a ser. Tenía miedo y lloré un poco antes de salir de casa. Pero creo que las cosas salieron bien. No me dio miedo hablarle a la gente, y es que tenía que deshacerme de la desconfianza, pues todos o casi todos los trabajos son en equipo y además los compañeros se portaron bien, me preguntaban: “Amiga, ¿quién eres?” y les explicaba. Espero que así sea siempre, no lo de explicarles, sino lo de que se porten bien. Hoy me enfrentaré con mi némesis: David Flores. Es un maestro al que temo. Ahora sí debo leer y tratar de descifrar qué rayos dice para contestarle si es que me pregunta. A ver qué pasa. Creo que estaré bien. Ah, también vi a un viejo amigo se podría decir? No se si saludarlo…

Bienvenidos

A partir de ahora este será mi blog personal y en él contaré mis chocoaventuras de toda la vida y sobre todo las peripecias que surgirán en mi camino a obtener un título universitario que no deseo. Desafortunadamente el no desear ese título y estar a disgusto estudiando psicología en la universidad me enfermó psicológica y físicamente y tuve que largarme de ahí a un año de graduarme. El 14 de diciembre pasado estuve en la que hubiera sido mi fiesta de graduación celebrando con mis amigos que ellos sí aguantaron. Ayer recibieron sus cartas de pasantes, debe haber sido una linda ceremonia. En fin, ahora estoy sola emprendiendo esta aventura, rodeada de gente demasiado excéntrica para mi gusto, llevando a cabo actividades que me desagradan, pero que son necesarias para llegar a mi meta. No tengo miedo, bueno, no tanto como antes, pero sé que todos me apoyan y que puedo lograrlo y además tengo a Dios acompañándome. Sé que puede sonar tonto o sin importancia para algunos y espero que otros tantos comprendan que esto lo veo como una especie de tortura, pues es algo que realmente me desagrada y que desgraciadamente me di cuenta muy tarde de ello, así que lo mejor es darle un cierre y poder continuar con mi vida y alcanzar la verdadera felicidad.