¿Cuál es mi filosofía?

El viernes el maestro de Filosofía me hizo llorar. Estabamos hablando de las necesidades del hombre, de si el amor existe o no, luego se le ocurre dejarnos de tarea enviarle un correo diciendo cuál es nuestra filosofía ahora que estamos a punto de egresar. Mi amiga Yaya me preguntó por qué lloraba. Porque no se qué contestar. No puedo decirle que no pienso ejercer, ni le puedo decir que esto no me apasiona y me da culpa no sentir ni pensar igual que mis compañeros.

El consejo de Yaya fue que lo dijera así tal cual y que busque terapia, porque eso es altamente interpretable. Tengo una pestaña con el gmail abierto a punto de redactar mi mensaje pero no me decido. Es eso o perder los puntos de la tarea.

Avergonzada

Hoy tuvimos que decir en clase, al presentarnos, el último libro que leímos y el que estamos leyendo. Yo dije que leo un libro llamado “Menos es más” (de Peter Walsh) para hacer arreglos en la casa y antes advertí que no tenía nada que ver con la carrera. Me reí cuando lo dije, se rieron los compañeros y, el resto de la clase comenté con mis amigas acerca de lo avergonzada que estaba por leer ese libro. Luego, de camino a casa, comencé a llorar y no he parado desde entonces. Se que no tiene nada de malo leer ese libro, pero me sentí muy avergonzada.

Me siento como una tonta, me siento perseguida por los del salón, por los más inteligentes. Yo se que soy una persona inteligente y también sé que en el grupo hay personas mucho más inteligentes que yo y que todos sabemos cosas distintas, pero odio la manera en que me hacen sentir. Y ni siquiera son ellos, ahora que lo pienso, soy yo la que piensa que me creen tonta. Aunque tal vez me equivoque. En cualquier momento espero que todos apunten hacia mí, riendo y digan: “Grace es una tonta” (maldito ego gigantesco).

Quisiera saber qué se siente amar lo que haces, tener pasión por ello y ser bueno en lo que te gusta hacer. Todo esto para mí es una tortura, todo el semestre lo será. Ya quiero que esto se acabe, ya no quiero sentirme así. Odio sentirme expuesta.

Me agrada la psicología, pero creo que nadie puede entender cómo me siento. No se si mis amigos, cuando les hablo de esto, sepan la diferencia entre simplemente gustar de algo y sentir pasión por ese algo. Los admiro tanto por que aman esto y eso mismo me intimida, pues quisiera tener el interés y el conocimiento que ellos tienen. Yo se muchas otras cosas, pero de nada me sirven en este ambiente: aquí soy una tonta, no encajo.

Actualización: Bu-jú. Soy una ingenua chillona. Obviamente muchos mintieron pero hasta después me cayó el veinte. Debe ser peligroso para mi salud ser tan inocente. (Estúpido superyo rígido que tengo).

10° Semestre

Este semestre comenzó muy bien. Llegué 10 minutos antes de iniciar clases y me encontré con que había un montón de gente en la escuela, lo cual es inusual a esas horas. Parecía el turno de la mañana. Supongo que fueron para hacer algún trámite porque todos se veían fuera de lugar y traían cara de perdidos.

Seguí caminando hasta llegar a donde estaba mi antiguo salón, y pensé que me tocaría en el de al lado o en el siguiente pero no veía caras conocidas así que caminé hasta el fondo del pasillo y me encontré a una compañera que me dijo que era el último salón donde nos había tocado. Después nos enteramos por la maestra de Psicopatología que entraron cerca de 90 chicos este semestre al área clínica: dos grupos de 45 personas aproximadamente, qué horrible.

Cuando llegué saludé a los pocos compañeros que había y nos salimos al pasillo a platicar. Luego llegó el maestro de Clínica, quien ya me había dado clase en área básica y me dio mucho gusto verlo. Al parecer mis compañeros no lo concocían porque no se emocionaron tanto como yo. Va ser divertido tenerlo en este último semestre.

Algunos minutos después de iniciada la clase llegó mi amiga Yaya y cuando se fue el profe nos salimos a platicar, pero no duramos mucho tiempo afuera porque el maestro de Filosofía resultó ser muy puntual. No lo conocíamos, pues nunca nos había dado clase, pero sí escuchamos de él antes. Es muy estricto con las faltas, el tiempo y con su clase. Miedo potencial a este maestro. Sólo explicó algunas cosas, tomó lista y nos hizo un cambio de horario.

Después de esa clase teníamos hora libre así que nos salimos de nuevo a platicar y anduvimos paseando por ahí, mi amiga y yo, saludando gente, etc. hasta las 8:30 que llegó la profe de Patología y nos asignó un proyecto medio extraño: entrevistar a Oidores de Voces. Ella tiene un proyecto con algunos colegas acerca de personas que oyen voces, duh, y este semestre nos toca aprender acerca de las psicosis y el delirio. Le pareció buena idea que le ayudáramos a conseguir personas que escuchen voces, porque

“Siempre hay alguien que sabe de alguien que oye voces”.

Si conocen a alguien me dejan un comentario.

Mientras la teacher hablaba de eso mi amigo Robbie, desde su banco, estaba diciendo no se qué cosas y no alcanzábamos a entenderle. Al final de la clase me dijo que su libreta estaba perdida y pensó que le estábamos gastando una broma pero no fue así.

Más tarde llegó el maestro de Conceptos y habló acerca de su forma de evaluar que ya conocíamos del semestre anterior y repartimos los temas que veremos en décimo. Mientras tanto, Robbie seguía sin encontrar su libreta. (Por cierto, ahora que me acuerdo, en la clase de Patología, como faltaban muchos en la lista, la maestra pidió sus nombres y Robbie lo dijo como: Bond, James Bond. Mi compañera Ceci y yo comentamos al respecto al mismo tiempo y nos dio mucha risa, pero…creo que debieron estar ahí). Al final de la clase se le ocurrió a Yaya que, tal vez una compañera que se fue temprano, se la llevó por error pues había una libreta parecida bajo un banco y en efecto era de ella, pero cuando Robbie le llamó para contarle, ella le dijo que su libreta estaba en manos de ¿otra compañera?. Raro e infantil el asunto. La encontramos en el estacionamiento y se la devolvió. Y todos nos fuimos a casa. Ese fue el primer día de mi último semestre en la facu.

Un día antes del principio del fin

Mañana regreso a la escuela para lo que será (espero) mi último semestre como alumna de esa facultad. Digo, tendré que seguir por ahí para hacer trámites y cosas el próximo año, pero ya no estaré en el salón de clases.

El proceso de duelo ya se venía dando desde hace unas semanas pero ahora empieza a pegar más fuerte, está más cerca. Dejaré la comodidad de la vida de estudiante, emprenderé el vuelo, abandonaré la nave nodriza…Tengo miedo. Y ando muy llorona. Apuesto a que fastidio a las personas con mi llanto.